Nacido en 1951 de origen germano-francés, Hans Monheim encontró en Puerto de Pollença no solo un lugar donde vivir, sino el escenario luminoso de toda una vida dedicada a la observación y al arte. Llegó a Mallorca atraído por la calma, la luz y los paisajes de una isla que, desde los años sesenta, cautivaba a artistas y viajeros de todo el mundo.
Su mirada fotográfica no buscó la espectacularidad, sino la verdad serena del instante: los amaneceres sobre el puerto, la transparencia del mar en Formentor, las montañas de Ternelles o el silencio de Cala San Vicente. En cada imagen hay una mezcla de técnica, sensibilidad y respeto por la naturaleza.
Monheim nunca pretendió ser un profesional del arte. Solía decir, con modestia y cierta ironía, que era solo un “aficionado avanzado”, aunque su obra lo desmintiera. En 2006 publicó el volumen “Pollença – Homenaje a la Belleza”, un libro de gran formato (DIN A3, 250 páginas) que se agotó en menos de un mes, reflejando la emoción de quienes reconocieron en sus fotografías el alma del lugar.
En 2020, el Ayuntamiento de Pollença le rindió homenaje por su contribución a la difusión cultural y turística del municipio. Ese mismo año, Monheim donó su archivo fotográfico —unas 30.000 imágenes— al pueblo de Pollença, gesto que confirma su deseo de devolver a la comunidad lo que la isla le había regalado: inspiración, luz y sentido.
Su obra no pertenece a la moda ni al artificio, sino a la memoria visual de una Mallorca auténtica, aquella que aún respira entre el mar y la sierra. Hans Monheim es, en definitiva, el cronista silencioso de la belleza de Pollença.